sábado, 27 de mayo de 2017

Hablemos de nuestra GASTRONOMÍA Dia 26. Mes de la afrocolombianidad

Por Maruja Uribe Lemos Integrante Mesa Mujeres Afro

PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL
Pensar en lo que nos gusta y en lo que tenemos, nos recuerda de por sí que contamos con un patrimonio personal, que lo hemos enriquecido en la medida que valoramos nuestros recuerdos, las ideas y los conocimientos que adquirimos.

Cuando pensamos en nuestra casa, el lugar donde nacimos, las fotografías, los utensilios de cocina, las recetas de la abuela…todas estas cosas le pertenecen a la familia, todos las usan, las cuidan, las disfrutan y las comparten, porque hacen parte del patrimonio familiar.

“Patrimonio es todo aquello que nos pertenece porque lo hemos heredado o construido y por eso está profundamente ligado con nuestras vidas…los recuerdos son testigos de nuestra historia personal y serán nuestro legado para las personas que queremos”

De ahora en adelante empezaremos a hablar en plural, porque vamos a hablar de nuestro patrimonio cultural. Cuando pensamos en él, imaginamos los lugares, objetos y tradiciones que nos han acompañado desde niños y que valoramos por haberlos heredado de nuestros parientes o de quienes nos rodean. Este es el legado del pasado, es nuestro presente y también la herencia que dejaremos a las futuras generaciones para que ellas puedan aprender, maravillarse y disfrutar de él.

Como el patrimonio inmaterial son saberes, destrezas, formas de entender el mundo y de habitarlo; requiere de tiempo y compromiso para hacerlo nuestro, pues es la herencia que recibimos cuando nos comunicamos con la gente, con los mayores por medio de la palabra y de la práctica. Para conocer esta herencia debemos conocerla, vivirla y transmitirla, de lo contrario podemos correr el riesgo de perderla.

LA CULINARIA COMO PARTE DEL  PATRIMONIO INMATERIAL CULTURAL DE LAS COMUNIDADES AFRODESCENDIENTES
Nuestro reto se debe centrar en retomar, salvaguardar y transmitir el conocimiento de las prácticas culinarias, como herramienta fundamental del legado cultural de nuestros mayores y opción de vida.
  
La sazón de la abuela esta presente en nuestra memoria, nos recuerda los momentos gratos que hemos compartido con nuestras familias, de sus deliciosas recetas producto de experiencia en la combinación de ingredientes y formas de cocinar, ahumar, fritar, asar o guisar; resulta el plato que nos gusta disfrutar con nuestros amigos.

Desde hace unos 20 años, he venido despertando una verdadera pasión por el tema gastronómico en las comunidades afrodecendientes, pasión que surge desde dos sentimientos encontrados: Uno el gran orgullo al ofrecer nuestra comida típica ante propios y extraños.   Dos, la gran preocupación que me asiste por la pérdida inminente de esta gran fortaleza, ante los jóvenes de hoy.

La falta de identidad aunada a la pérdida de conocimiento tradicional, ha dejado un gran vacío en las generaciones futuras; quienes desconocen su patrimonio como parte de un legado que debe transmitirse a través de los años, de generación en generación, ya que éste representa nuestra memoria cultural.

La gastronomía hace parte de este patrimonio inmaterial  en la medida que identifica, de una u otra forma, el modo de vida de algunas comunidades y determina parte de sus características. La cocina en las comunidades negras jugó un papel determinante en el ámbito familiar teniendo en cuenta que en este espacio confluían los miembros de la familia aportando en la preparación de platos típicos que en ocasiones requiere de la participación de varios para ejecutar diversas actividades, como lo es la elaboración de la longaniza, los pasteles de arroz, los envueltos de choclo y el guarrú entre otros. 

La realidad de hoy nos muestra a una generación totalmente sustraída de este espacio (la cocina) y por ende del conocimiento que se adquiere en el mismo. “A un joven no le pregunten como se prepara un atollado, un birimbí, una runchas o un simple arroz clavado… Para ellos no dejan de ser palabras que representan un plato típico pero de allí a prepararlo, nulidad total”

Lo anterior resulta preocupante no sólo por la perdida de conocimiento en recetas que nos identifican sino en dejar de lado un potencial que lograría transformar la vida de muchas personas a partir del emprendimiento que se dinamizaría tomando como base la riqueza gastronómica. Un ejemplo lo representa la gastronomía peruana, considerada como una de las más privilegiadas del mundo, ya que han sabido ponderar y aprovechar la herencia de su historia, mestizaje y sabor único.
Juan Mari Arzak, Chef propietario del restaurante Arzak, distinguido con tres estrellas de la Guía Michelín, dice: “He leído mucho sobre la gastronomía peruana  y creo que es considerada una de las grandes cocinas. Es una cocina con herencia, que tiene raíces."
En este país andino, fronterizo con Colombia, se ha utilizado la “cocina típica” para resocializar a jóvenes pandilleros, quienes tienen las habilidades para la cocina pero no la consideraban una opción para brillar con luz propia.

Retomar las prácticas culinarias tradicionales, no sólo garantiza la soberanía alimentaria de las comunidades negras asentadas en  Colombia, sino una alternativa viable para aportar a unidades productivas basadas en la oferta local, en la medida en que se produce, elaboran y consumen los alimentos que más  gustan y que mejor saben hacer, tomando como base los productos de sus regiones.
Son muchas las manera de conocer un país y a su gente, pero, sin duda, una de las más gratificantes  y encantadoras es a través de su comida
Sin ser una experta en la materia, pero con la pasión que manifiesto he despertado por la misma, me he dado a la tarea de desarrollar talleres, a través de la oportunidad que algún día me brindara el Banco de la República desde su área cultural, apoyada en las verdaderas poseedoras del legado. Ancianas que aún se dedican a hacer sus vendajes y que se convierten en “protagonistas” sin querer serlo, ante más de 30 jóvenes de ultimo grado de bachillerato, dispuestos a aprender sobre la comida tradicional del pacífico.

Daba gusto ver como llegaban motivados, inicialmente por escapar a clases, pero con el paso del tiempo, las ganas, la nostalgia y la pasión por la gastronomía, se iba apoderando de ellos.

El llamado desde este escrito , es ha valor ese patrimonio inmaterial que representa una gran fortaleza que muchos mandatarios no han logrado ponderar y apropiar. Quizás en nuestros saberes tradicionales asociados a la gastronomía, se puedan vislumbrar alternativas productivas para muchos de nuestros jóvenes que no encuentran mayores opciones para salir adelante.
“Saquemos la mejor ventaja de lo nuestro de tal manera que se pueda conservar en la memoria, la tradición culinaria que tanto se elogia por parte de los foráneos y que poco se valora por nosotros, debido al mismo desconocimiento de los procesos. Las y los jóvenes actuales son los llamados a experimentar y reencontrarse con parte de su legado, el cual debe prevalecer y transmitirse a través de los años.”

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